EL EXAMEN

Ellos hacían un examen. Habían movido sus pupitres de sitio y se habían sentado dispersos por la clase para no tentarse. Yo miraba por la ventana, intuía un paisaje entre los surcos que dibujan temblorosas las gotas de lluvia. Estos niños, pensaba, un día dejarán de serlo sin darse cuenta. Ellos y solo ellos pueden salvar al mundo de ellos mismos. Criados en el abandono, en la alcoba de un mundo tan falso como la idea del mundo. Les mienten, por eso intentan copiar a mis espaldas. Les hablan de una vida que no existe más que en los anuncios de televisión y en la ingenua ilusión de sus padres. Les enseñan a no morir por ellos mismos y a dar su vida por un lugar en la fama, en el reconocimiento de los hombres del planeta, por eso no se leyeron el capítulo del libro que tocaba para ayer. No importa. La lluvia sigue cayendo. Sigue resbalando el agua por los cristales, dibujando caminos lentos para un mismo viaje, van allá a donde a ellos les está prohibido por ser niños. No pueden ir al mar porque tienen la obligación de venir a la escuela, a sentarse a mis espaldas y dejar en un papel todo lo que han memorizado en la prisa, por una nueva máquina de ordenador, o por un regalo pactado. Nadie habló con ellos anoche. Nadie les deseó dulces sueños ni puso miel en sus labios para afrontar las pesadillas. No sé si girarme. Creen que el ruido de la lluvia me confunde, que no siento el paso de las hojas del libro escondido bajo la mesa. El murmullo de los que se preguntan de pupitre a pupitre, con un lenguaje de signos portentoso. Todo lo que les rodea les miente, los mantiene inmersos en un engaño que desvelarán con pena y licor de tropiezos. Dejarán el examen sobre la mesa, esperando de mí una sentencia. Unos me dirán adiós sabiendo que han vencido en su imaginada batalla al enemigo. Que me han engañado como a un vigilante de discoteca. Yo seguiré sin oír otro rumor que el del viento, que el del agua rompiendo en esta ventana, desde donde les veo marcharse, salir de la escuela por el patio, danzar por el aire y blincar con el alma de una cometa sin gobierno, sentir la primavera por unos instantes en la calada de un cigarrillo, en la libertad de sentirse hombres y mujeres de nadie, por unos minutos, hasta que lleguen a casa, para comer y volver por la tarde.

3 Comments:
Y aun asi tenemos miedo de no subsistir. Todo nos miente y a sabiendas nos lo creemos. Pues algo habras de creer. Algo que no te deje pensar que no tienes en que pensar que te sirva. Algo que te oculte tu ignorancia y la unica nocion de ser ignorante. La vanidad nos mantiene, un final menos oculto y un porque más lleno, de nada.. Pero por encima de nuestras cabezas, del instrumento que nos da volar y a la vez nos encadena, la luz y la brisa, el reír y las penas, el amor que nos mueve y la soledad, por ser traicionera, nos hace pensar y pensar nos aterra. Que más que un diós, un exámen es una guerra, contra ti mismo, una postiza estrella, un caminar añorando sol y primaveras, cuando preso de volar alguien nos lanzó las cadenas, cuando aterrado por la soledad dijo, soy más que vosotros, porque no sereis nada, soy menos que vosotros porque no entendí nada, fuí como vosotros pero no recuerdo nada, estoy muerto y ahora quiero ser preso y de rabia, sin que lo sepais, sin que sepais nada, sin que me pidais clemencia, os salvaré de ser libres, os cortare vuestras alas.
Somos lo que nos rodea, porque no sabemos quien somos, o sea, somos todo lo que no son los demas... todo lo que nos rodea. Y para ser esto debemos creer en algo que nos rodea, por lo tanto, nos lo creemos aun y a sabiendas de que no es verdad. Algo tenemos que creer para poder ser algo y no tener que preguntarnos quien somos, que somos, que hacemos aqui...
PD: crecemos, pero si que nos damos cuenta de que crecemos, al menos yo, y eso me tiene mal, porque me doy cuenta de que crezco pero que, en estos momentos, ni soy una niña con esa ingenuidad e inocencia ni soy una mujer... no nos damos cuenta de lo que perdemos al crecer...
Hay tantas maneras de vivir la niñez como vidas. Crecer no es olvidar. Quisiera creer que el olvido es cosa del tiempo: (¡Qué hermoso verso para empezar un poema!)De las horas y no de nuestra incapacidad de creer que solo son luz las estrellas.
Paco
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