23 febrero 2007

DON SANCHO EN LA MANCHA Y SU ESCUDERO


No aterra tanto la locura del Quijote como su muerte. No sé si acabó con las novelas de caballerías, póngolo en duda. Pero nadie podrá negar que con su muerte perdimos a un romántico, como con el alma de Sancho se esfumó la fe en el hombre, la creencia en el ser humano y la última simiente libre, a manos del capricho del viento.

Hoy las letras se apelotonan en los diarios como hojas de otoño desquiciadas para denunciar el efecto invernadero y anunciarnos la última muerte escenificada.

Hace mucho tiempo, por allá cuando murió el caballero de la triste figura, que el planeta no es más que un invernadero. Ya nada nace como bruto, cristal, pez o ave. Hasta el alma se recicla para que los muros sin precipicio, los cristales sin agua, los brutos sin raíz, los peces sin escamas y las aves sin libertad, no se embruten el alma. Todo son calles sin camino. Todo camino sin pasos. Todo irrisorio porvenir.
Desde la altura que me ofrece este asno que me lleva y me trae por ventas que son castillos, por castillos que son ventas. Cargado de ínsulas como alforjas de necesaria hambruna. Acompañado de quien os descubrió el azogue del alma. Os ruego que no protejáis la naturaleza. No hubo, que sepa este infeliz y torpe caminante, encina ni roble de cien años que pidiera ayuda a ningún gobierno de humanos ni a humano gobernante. Si algún clamor se deja oír en las tierras que atravieso no es un grito de socorro ni de ayuda sino de respeto. Escuchad a los árboles, dicen sus ramas entre brotes de vida nueva que los dejéis en paz. No me cuides, dicen. Me conformo con que no me mates.
Que cada uno mire en su Mancha las huellas de los pasos de su locura. Que cada cual hable con su silencio de estrellas. Ni ellas, ni su silencio, ni la tierra que caminas te necesitó nunca para ser.

14 febrero 2007

LA VOZ AJENA











Un disparo atraviesa el muro,
es un inesperado trueno de guijarros,
de esqueletos y cieno,
chillidos de gaviotas asustadas
hacen chirriar los goznes
de una ciudad violenta.

Detener es morir ese segundo,
no vivir por alzar de nuevo el canto
y enfermar, de palabras condenado.
Son mis versos locura
¡No es acaso locura la vida!

Con las manos vacías alzo el barro
y contemplo el partir de los otoños.
Quiero ser por la piedra que me mira
y exijo que los hombres vuelvan
al lugar donde un día partieron.

09 febrero 2007

EL EXAMEN





Ellos hacían un examen. Habían movido sus pupitres de sitio y se habían sentado dispersos por la clase para no tentarse. Yo miraba por la ventana, intuía un paisaje entre los surcos que dibujan temblorosas las gotas de lluvia. Estos niños, pensaba, un día dejarán de serlo sin darse cuenta. Ellos y solo ellos pueden salvar al mundo de ellos mismos. Criados en el abandono, en la alcoba de un mundo tan falso como la idea del mundo. Les mienten, por eso intentan copiar a mis espaldas. Les hablan de una vida que no existe más que en los anuncios de televisión y en la ingenua ilusión de sus padres. Les enseñan a no morir por ellos mismos y a dar su vida por un lugar en la fama, en el reconocimiento de los hombres del planeta, por eso no se leyeron el capítulo del libro que tocaba para ayer. No importa. La lluvia sigue cayendo. Sigue resbalando el agua por los cristales, dibujando caminos lentos para un mismo viaje, van allá a donde a ellos les está prohibido por ser niños. No pueden ir al mar porque tienen la obligación de venir a la escuela, a sentarse a mis espaldas y dejar en un papel todo lo que han memorizado en la prisa, por una nueva máquina de ordenador, o por un regalo pactado. Nadie habló con ellos anoche. Nadie les deseó dulces sueños ni puso miel en sus labios para afrontar las pesadillas. No sé si girarme. Creen que el ruido de la lluvia me confunde, que no siento el paso de las hojas del libro escondido bajo la mesa. El murmullo de los que se preguntan de pupitre a pupitre, con un lenguaje de signos portentoso. Todo lo que les rodea les miente, los mantiene inmersos en un engaño que desvelarán con pena y licor de tropiezos. Dejarán el examen sobre la mesa, esperando de mí una sentencia. Unos me dirán adiós sabiendo que han vencido en su imaginada batalla al enemigo. Que me han engañado como a un vigilante de discoteca. Yo seguiré sin oír otro rumor que el del viento, que el del agua rompiendo en esta ventana, desde donde les veo marcharse, salir de la escuela por el patio, danzar por el aire y blincar con el alma de una cometa sin gobierno, sentir la primavera por unos instantes en la calada de un cigarrillo, en la libertad de sentirse hombres y mujeres de nadie, por unos minutos, hasta que lleguen a casa, para comer y volver por la tarde.

06 febrero 2007

SONETO







Cuando crezcas verás, cristal de las aguas,
que no era el mar el único destino,
sino el andar azul del peregrino
por la invisible piel de las estatuas.

Todo te lleva a ti, a tu tormenta,
al oscuro temblor de un precipicio,
donde asoma la vida en su principio
porque habita la muerte en cada afrenta.

Tú serás para siempre como el grito
mudo de una mirada, como aliento
que levanta su voz al infinito.

Y entenderás entonces mi lamento,
¡cuánto siento en el alma no haber escrito
versos de agua que burlasen al viento!

01 febrero 2007

UTOPÍA

Dedicado a todos los alumnos y alumnas, maravillosos, del crédito INICIACIÓN A LA POESÍA, y en especial, a aquellos que nunca dejaron descansar sus palabras en el lecho de está página en blanco.
El lenguaje, como bien se define, no es otra cosa que el alma hecha voz en las personas.
En la esquina de la calle de los tristes con la plazoleta del tiempo impasible han abierto una tienda de palabras. Utopía es la única palabra que nunca ha estado de oferta, siempre hay un precio que pagar aunque sólo sea por pensarla. En mi casa, sin embargo, puedes venir a nombrarla cada anochecer, después de las horas de trabajo, cuando en el firmamento cientos de caracoles caminan como estrellas por una oscuridad apacible. Yo aún creo en la palabra y sufro las muertes de todo aquel que dio palabras; de todo aquel que las mendigó para nacerlas en una vida necesaria que solo tiene sentido en el vuelo que abandona, como lastre; esas plumas que un día fueron embrión de un hontanar de amor al hombre y de amor a la tierra.Quizá por eso me he sentado a contemplar el lento goteo que allá, de la vasija de las palabras se derrama, un sentimiento que vuelve a la tierra como a mis ojos, ese abrazo a lo por siempre inalcanzable
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